Caso práctico: penalización por retraso evitada por mala imputación del plazo

Introducción

Las penalizaciones por retraso suelen aplicarse de forma automática cuando el plazo contractual se supera. Sin embargo, no siempre el retraso es imputable al contratista.

Este caso práctico muestra cómo una penalización inicialmente exigida por el cliente pudo evitarse tras reanalizar la imputación real del retraso y reconstruir el planteamiento técnico y documental.

Contexto del proyecto

Proyecto de ejecución con contrato a plazo cerrado y penalización prevista por incumplimiento de la fecha final.
Durante la fase intermedia de la obra se produjeron interferencias y decisiones tardías que alteraron la secuencia prevista de los trabajos.

El retraso acumulado fue significativo, y el cliente comunicó su intención de aplicar penalizaciones conforme a contrato.

El problema: exigencia de penalización por retraso

Ante el incumplimiento del plazo contractual, el cliente exigió la aplicación de penalizaciones alegando:

  • retraso global en la finalización

  • ausencia de ampliación de plazo formalizada

  • falta de justificación aceptable

El retraso fue imputado directamente al contratista, sin un análisis detallado de sus causas.

Este escenario es habitual cuando el cliente exige penalizaciones por retraso de forma automática.

Análisis de la imputación del plazo

El análisis inicial permitió identificar que:

  • parte del retraso estaba vinculado a interferencias con otros trabajos

  • se produjeron paradas no previstas por causas ajenas al contratista

  • determinadas decisiones del cliente se adoptaron fuera de plazo

Estas circunstancias no habían sido correctamente relacionadas con su impacto en el calendario del proyecto.

El cambio de enfoque

Se decidió reconstruir el planteamiento siguiendo estos pasos:

  • identificar las causas reales del retraso

  • separar retrasos imputables y no imputables

  • documentar interferencias y paradas ya existentes

  • relacionar cada causa con su impacto en el plazo

El objetivo no fue discutir la penalización, sino reordenar la imputación del retraso.

Resultado

Tras presentar el análisis:

  • el cliente aceptó que parte del retraso no era imputable al contratista

  • se revisó la aplicación de penalizaciones

  • se evitó la penalización inicialmente prevista

  • se mantuvo abierta la relación contractual

El resultado no se debió a una negociación económica, sino a una correcta imputación del plazo.

Qué enseña este caso

Este caso demuestra que:

  • no todo retraso justifica una penalización

  • la imputación del plazo es clave

  • la documentación y el enfoque marcan la diferencia

Y refuerza la importancia de actuar correctamente cuando el cliente exige penalizaciones por retraso.

Este tipo de situaciones se produce cuando el cliente exige penalizaciones por retraso sin analizar previamente la imputación real del plazo.

Cada retraso tiene causas distintas. Analizar la imputación a tiempo suele evitar conflictos innecesarios.

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