Qué hacer cuando el cliente exige penalizaciones por retraso

Las penalizaciones por retraso son uno de los conflictos más habituales en la fase final de un proyecto. En muchos casos, el cliente exige su aplicación de forma automática, sin analizar en detalle el origen real del retraso.

Sin embargo, no todos los retrasos son imputables al contratista. Cambios de alcance, interferencias, decisiones tardías o paradas ajenas a la obra suelen quedar fuera de ese análisis inicial.

Saber cómo abordar esta situación es clave para evitar penalizaciones indebidas y reconducir la negociación sin agravar el conflicto.

Por qué el cliente exige penalizaciones por retraso

Cuando un proyecto se retrasa, el cliente suele activar automáticamente el mecanismo de penalización previsto en el contrato. En muchos casos, esta reacción no responde a un análisis detallado del origen del retraso, sino a la necesidad de proteger su posición económica y contractual.

Desde el punto de vista del cliente, el retraso se percibe como un incumplimiento global del plazo, sin entrar a valorar las causas concretas que lo han provocado. Esta visión simplificada suele dejar fuera factores clave que han condicionado la ejecución real del proyecto.

El error más habitual: asumir automáticamente la imputación del retraso

Uno de los errores más frecuentes por parte del contratista es aceptar implícitamente que el retraso le es imputable, bien por inercia, bien por falta de un análisis inmediato de la situación.

Asumir esa imputación sin revisar las causas reales del retraso debilita cualquier posición posterior, ya que desplaza la discusión desde el origen del problema hacia la cuantía de la penalización, cuando el verdadero debate debería centrarse en si procede o no su aplicación.

Paso 1: analizar el origen real del retraso

Antes de hablar de penalizaciones, es imprescindible identificar con precisión qué ha provocado el retraso. En la práctica, rara vez existe una única causa, sino una combinación de circunstancias que se han ido acumulando durante la ejecución.

Cambios solicitados por el cliente, decisiones tardías, interferencias con otros trabajos o paradas ajenas a la obra suelen tener un impacto directo en el plazo, aunque no siempre se reconozca de forma inmediata.

Sin este análisis previo, cualquier discusión sobre penalizaciones se construye sobre una base incompleta.

Paso 2: diferenciar retrasos imputables y no imputables

No todos los retrasos tienen la misma naturaleza ni pueden imputarse de la misma forma. Diferenciar entre retrasos imputables al contratista y retrasos no imputables es un paso clave para reconducir la situación.

Los retrasos derivados de decisiones del cliente, modificaciones del alcance, interferencias externas o falta de disponibilidad de información no pueden tratarse igual que aquellos derivados de una deficiente planificación o ejecución.

Esta diferenciación permite reordenar el debate y situarlo en el terreno contractual adecuado.

Paso 3: documentar interferencias, cambios y paradas

La principal dificultad a la hora de rechazar una penalización por retraso no suele ser la inexistencia de causas, sino la falta de documentación que las respalde.

Interferencias entre oficios, cambios introducidos durante la ejecución o paradas no previstas deben quedar reflejadas de forma clara y trazable. La ausencia de esta documentación facilita que el retraso se perciba como imputable al contratista, aunque no lo sea.

Documentar no es justificar a posteriori, sino dejar constancia objetiva de lo ocurrido.

Paso 4: plantear correctamente una ampliación de plazo

Cuando existen causas justificadas de retraso no imputable, la ampliación de plazo es la herramienta contractual adecuada para corregir la situación. Sin embargo, su planteamiento suele hacerse tarde o de forma incorrecta.

Una ampliación de plazo bien planteada no se basa únicamente en fechas, sino en la relación entre las causas del retraso y su impacto real en el calendario del proyecto.

Plantearla correctamente permite neutralizar la aplicación automática de penalizaciones y reabrir el análisis desde un enfoque objetivo.

Cuando el cliente mantiene la exigencia de penalización

Incluso después de analizar las causas y plantear una ampliación de plazo, puede ocurrir que el cliente mantenga su exigencia de penalización. En estos casos, la clave no es intensificar la confrontación, sino reforzar el enfoque técnico y documental.

Reordenar el relato del retraso, separar hechos de consecuencias económicas y facilitar al cliente una base objetiva para revisar su posición suele ser más eficaz que una discusión directa sobre la penalización.

La clave no es discutir el retraso, sino su imputación

Las penalizaciones por retraso no deberían aplicarse de forma automática, sino tras un análisis riguroso de las causas que han afectado al plazo.

Entender el origen real del retraso, documentarlo adecuadamente y plantear las herramientas contractuales correctas permite reconducir situaciones que, de otro modo, derivarían en penalizaciones indebidas y conflictos innecesarios.

Este enfoque no es teórico. En la práctica, penalizaciones inicialmente exigidas pueden evitarse cuando se analiza correctamente la imputación del retraso y se documentan de forma adecuada las causas que han afectado al plazo.

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